Aprender un oficio
La vacuna contra la IA es aprender a pensar
Hay una cosa que se ha perdido en la conversación sobre el futuro del trabajo y la IA: antes, aprender un oficio no era principalmente una decisión económica. Un relojero del siglo XIX no elegía su oficio pensando en el sueldo. Lo elegía porque quería saber cómo funcionan los engranajes, porque el trabajo manual tenía dignidad propia, porque dominar algo difícil valía la pena en sí mismo. Incluso era algo que pasaba de una generación a otra generación. Había algo más allá del propio oficio. El dinero era consecuencia, no punto de partida. Eso ha cambiado tanto que casi da vergüenza.
Hoy un adolescente que debe decidir qué estudiar se plantea una sola pregunta: “¿me podré ganar la vida con esto?” Y se responde: “si la IA puede hacerlo seguramente no”. Pero esa pregunta es una trampa. Lo que de verdad te enseña un oficio —cualquier oficio aprendido con rigor— no es hacer un conjunto de tareas —que también— sino aprender a usar la cabeza.
La verdad es que no me imagino cómo me sentiría con respecto a la IA si fuera adolescente. Crisis climática. Inestabilidad política internacional. Y ahora la IA. Si mi generación estudiaba con muchas dudas de si llegaría a poner en práctica lo que estaba estudiando, no me imagino cómo debe estar la generación nacida en este milenio —quizás por eso parece empezar a verse un declive en el entusiasmo por la IA entre la Generación Z. Lo cierto es que la IA está acelerando todo tanto que los planes de estudios parecen nacer muertos, o como mínimo de nalgas.
Y sin embargo, creo que la respuesta no es tirar la toalla. Es precisamente la contraria: estudiar. Lo que sea, pero bien. Algo que te obligue a desarrollar criterio propio, a equivocarte y corregirte, a entender por qué algo funciona y no solo cómo ejecutarlo. Juan Freire lo llama aprender a pensar (tiene una propuesta sobre Universidad que vale la pena leer entera).
Hace unos días mencionaba que es necesario ser escéptico al usar la IA. Pues bien: el escepticismo no nace de la nada. Nace de haber aprendido algo con suficiente profundidad como para saber cuándo algo falla. No hay mejor usuario de la IA que el usuario escéptico y experto.
Tenemos algunos datos que apoyan esta idea. Una encuesta a casi 800 desarrolladores reveló que el 32% de los seniors envía a producción más del 50% de código generado por IA —frente al 13% de los juniors. El tema no es que los seniors sean más atrevidos: es que tienen el criterio para detectar cuándo el código parece correcto pero falla. La IA hace de amplificador de lo que ya sabes, no es un substituto del conocimiento.
Lo triste sería que las empresas no aprovechasen el capital humano en favor de una IA. No creo que pase, pero podría pasar. Enrique Dans ha alertado en alguno de sus artículos que la IA puede estar retirando la escalera profesional a los que intentan acceder a su primer empleo. Esto hace referencia a que la disminución de contrataciones de juniors provocada por la IA está provocando que se rompa la progresión profesional natural. Sin juniors que experimenten y cometan errores, no hay futuros seniors que los hayan superado.
Alguien lo ilustró bien hace poco en Reddit. Había visto una demo de una herramienta de IA para ventas cuyo pitch era directo: ya no necesitas junior sales reps. Y funcionaba. Hacía outbound, seguimientos, personalización —todo lo que los juniors hacen cuando empiezan. Más rápido, más limpio. Pero se quedó con una sensación rara. Porque ese trabajo pesado y repetitivo no era solo trabajo: era donde aprendías a leer cómo reacciona la gente, cómo se transmite un mensaje, cómo gestionar el rechazo sin tomártelo personal. “Así me metí yo, por lo menos”, escribía. Si la IA se lleva esa capa, la pregunta es obvia: ¿de dónde van a salir los seniors dentro de diez años?
Otro dato. Un estudio de 2026 ilustra la misma paradoja desde otro ángulo: desde la llegada de los LLMs, la producción de libros se triplicó, pero la calidad promedio cayó. Los autores nuevos, sin oficio previo, inundaron el mercado de mediocridad. Los autores ya establecidos, en cambio, mejoraron su producción de calidad. Según el estudio, esto podría elevar el valor que los consumidores obtienen del mercado del libro en un 25-50%. La IA democratizó la publicación de libros —iniciada por la la autopublicación— pero elevó la calidad de los que ya publicaban.
Quiero abordar el tema del trabajo porque es un tema en el que no tengo muy claro lo que va a pasar. Hay datos que indican una cosa y datos que la contraria. El Foro Económico Mundial estima que la IA creará 170 millones de nuevos puestos mientras desplaza 92 millones —un saldo positivo de 78 millones. Pero el problema es que no sabemos si habrá forma de llegar a él —a falta de escaleras y formación adecuada.
Aprender un oficio no garantiza empleo. Nunca lo garantizó del todo, ni siquiera antes. Pero es la mejor forma de no quedar a merced de lo que venga. Porque lo que de verdad construyes cuando aprendes algo con rigor no es un conjunto de habilidades para el mercado: es criterio. Y el criterio, de momento, no lo fabrica ninguna IA.
Despedida y cierre
Espero que os haga pensar el post de hoy. A mi el tema del trabajo es uno de los que más me preocupan. Supongo que habrá un día en que dejará de preocuparme, para bien o para mal.
En la newsletter anterior le gané a la IA: “La IA es mejor si no confias en ella“ frente a “La IA premia al que duda“.
Vamos: IA 5 vs Yo 3




David lo que comentas es vital para el desarrollo profesional y personal, una capa de IA sin el conocimiento previo para poder pensar críticamente si es válido o no el resultado no vale de nada (o de muy poco).
Muy interesante 😃. Lo incluimos en el diario 📰 de Substack en español?